Turista despistado

Como ya anticipé, ayer estuve de turismo en Mysore con Anuj (parte del equipo de SGT con el que estoy trabajando). Mysore se pronuncia “misor” en el norte de India y “maisur” en el sur (no es broma). Como en el equipo hay gente de los dos lados, yo he acabado diciendo “maisor”, así que nadie me entiende.

Un conductor nos llevó todo el día de aquí para allá… tras mi despiste inicial con la hora de salida (y las prisas subsiguientes) tuvimos que desayunar en un bar de carretera.

Indian Breakfast

Lo blanco está hecho con arroz, lo rojo pica y lo verde pica mucho.

La primera parada fue en Shrirangapattana, uno de los palacios de verano del Marajá. El patio estaba muy bien, pero como las paredes estaban llenas de pinturas, el palacio lo han cubierto y está un pelín horrible. Además, dentro apenas hay luz… una pena.

De ahí nos fuimos a las Chamundi Hills, dónde hay un templo al que peregrina mucha gente. Ese fue mi bautismo de fuego a la costumbre hindú de andar descalzo (tendría que repetirlo un par de veces más, en un pequeño templo y luego en el palacio de Mysore).

Abel in Chamundi Hills' temple

De ahí, tras algunas paradas para ver al héroe de Mysore que matón un demonio, etc, etc… y a un toro grande, aparéntemente tallado en una sóla piedra, nos fuimos a comer.

Paramos en un hotelazo y nos fuimos al buffet libre. No llevaron a un lateral del hotel (sospechoso) y luego por unas escaleras a un sótano (mala pinta…).

En el sótano, pasamos por una puerta con forma de barrica de vino. En realidad, dos puertas, porque con una entras en la barrica y con la otra sales a… ¡un pasillo helado!

Dentro era una pasada… el techo/cielo lleno de puntitos como estrellas, luz ténue, motos en las paredes, dos coches de época con sendas mesas dentro (en uno de ellos una pareja comía/conducía). Muy chulo. La comida… no recuerdo, estaba en otras cosas 🙂

De ahí a Santa Filomena, una iglesia católica.

St Philomena

No era muy impresionante cuando estás acostumbrado a las de aquí… lo llamativo es que había un grupo de chicas musulmanas con sus burkas negros haciendo turismo dentro. Nos alegramos mucho Anuj y yo 🙂 .

Me quedé con la impresión de que la región de Mysore debe de ser, sobre todo, cristiana… había varias iglesias pequeñas junto a la carretera y hasta los niños que piden dinero (los hay en todos los sitios turísticos) iban vestidos “de misiones” (camisita blanca y pantaloncitos cortos azul marino… las niñas también de blanco y vestido largo con volantes).

De ahí al Palacio… dónde es obligatorio dejar la cámara en consigna (previo pago) para poder entrar. Tambien es necesario quitarse los zapatos (y si quieres volver a verlos, dejarlos en otra consigna… previo pago). A diferencia de otros sitios, aquí se toman muy en serio lo de las cámaras y hay gente controlando en casi todas partes… así que sólo tengo fotos del exterior.

Abel at Mysore Palace

Antes de irnos, pudimos ver como las tropas empezaban a formar.

Lo último fue ir a ver el parque de Brindavan, al pié de la presa de Krishnarajasagar (o KSR Agar). Es una presa enorme y desde la presa hasta el nivel del rio han hecho un circuito para el agua, con sus fuentes y cascadas. Al final hay un lago y del otro lado, más fuentes.

Brindavan Garden

Al caer la noche, nos fuimos al otro extremo del parque dónde está la Singing Fountain. Solo diré que “Is the time to disco!“.

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Un cambio, otro ambiente y el mundo al revés

Siguiendo en la gran tradición de posts anteriores, voy a contar un par de cousiñas.

Me cambio de habitación. En realidad la mia no era mia… era la que les quedaba libre cuando llegué. Y me estuve beneficiando de tener mucho sitio, un puff y dos camas.

Ahora he perdido espacio. He perdido mi puff. La mesa para el ordenador es raquítica. Pero, a cambio, he ganado una pedazo de cama que debe ser queen size por lo menos.

Además, me he animado a esto de la buena vida y voy a probar mañana a que me laven (y, sobre todo, a que me planchen) un par de camisas y mi sahariana. Una camisa, porque es odiosa de planchar (así me libro). La otra y la sahariana porque un día me puse el cinturón de seguridad y me ha quedado una mancha negra cruzando desde el hombro hacia mi ombligo. Yo creo que el cinturón dió un respingo de sorpresa y todo…

Al bajar al restaurante a cenar, por un momento pensé que estábamos sufriendo un corte de luz (como los que hay en la oficina cada día… pero deben de tenerlo bien pensado, porque se van las luces y los ventiladores se paran, pero los ordenadores siguen funcionando).

Pero resulta que no… en viernes y sábados ponen ese ambiente íntimo… con velitas en las mesas y luces rojas en las paredes.

Durante estos días me había fijado en un cartel que hay a la entrada del hotel sobre un Sizzler Festival, con una foto de un cacho de carne detrás. Pues eso es justamente lo que hacen los fines de semana (hasta que se cansen).

Así que, animado por las circunstancias, me pedí un lamb sizzler. ¿Y qué es un sizzler? Supongo que mis muy cultos y muy viajados lectores lo sabrán… pero yo no.

Es un plato de comida que hace sizzzzzzzzz.

La versión larga es que es un plato servido sobre una bandeja de metal muy caliente, así que cuando te lo traen todavía está echando humo y haciendo ese ruidito de cuando cocinas algo y va soltando juguillo… ñam ñam.

Sobre el metal ponen unas hojas de algo grande (¿repollo?) para que no se queme el arroz que van encima. Sobre el arroz va el lamb (escasito), otras verduras y la salsa.

Y llegamos a la parte del mundo al revés.

La primera catadura al sizzler está templadita. Pero ojo, porque el sizzler es el único plato que, si no te lo comes rápido… ¡¡se calienta!!

Exacto, el calorcillo de la plancha de metal va pasando al repollo, de ahí al arroz, el cordero, las verduras, la salsa… para cuando está mediado el plato, ya pasas más tiempo soplando que comiendo.

De postrecillo, unos no se qué que que se yo fritos (en teoría era jamoon… pero con dos oes no sabe igual) con helado de pistacho (incluye trocitos de pistacho).

Hoy no hay fotos, pero espero que el domingo haya alguna (porque mañana me voy a las 08:00 a Mysore y solo Vishnu sabe cuando voy a llegar… son unas 3 horas de viaje.

El tema de los viajes ha dejado a mis compis un poco alucinados. Cuando les he dicho que desde Madrid a Lacoru había 600km y sólo tardábamos entre 6 y 7 horas, casi no se lo creían. Aquí las carreteras son muy malas y, además, de vez en cuando los elefantes las dejan bloqueadas hasta que quieren moverse. También me han hablado de otra ciudad (muy bonita para visitar, según parece) que no tiene ni carretera para acceder… te abres camino entre los árboles intuyendo por dónde va el sendero.

Yo les he respondido con las ventajas de que la armada invencible se cargara los bosques… carreteras fáciles de construir (aquí se las come la jungla… cuando acaban por un lado, tienen que volver a empezar por el otro).

Otro día reflexionaré sobre todo lo que me he inventado (¿o lo sé?) sobre occidente desde que estoy aquí. Si es que me acuerdo.

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El cricket, los extremos y los vendedores

Por si no lo sabe alguien, el cricket es el deporte estrella en la India… y eso que hasta este año no tenían liga (se juega a nivel internacional, solo las selecciones).

A cricket

Hoy había partido (en realidad todavía lo hay: dura unas 8 horas!!) así que he aprovechado para aumentar mi culturilla y, de paso, compartirla con el mundo.

Juegan India contra Pakistán (creo que grandes amigos los dos) en la copa de Asia de cricket (resultados en directo). Por lo poco que he podido saber, el cricket es algo así como el baseball, pero distinto :-). Está el tema de que si sacas la pelota del estadio eso es muy bueno y que si cogen la pelota antes de que toque el suelo es muy malo (jugador eliminado). Sacar la bola fuera son 6 puntos… excepto si bota antes, que son 4. Si los jugadores intercambian las posiciones, es un punto por cada cambio. Y creo que otro por darle a la pelotita con el palo. Algo así. El que quiera más detalles… a la wikipedia, que para algo está.

Sobre los extremos. Creo que está claro que en la India lo que se lleva son los extremos.

O comes carne o no tomas ni queso (¡hasta en el McDee!). Fuera calor. Dentro pillas pulmonía con los ventiladores (en los coches, con el aire a condicionado). La comida, muy picante. El café, muy caliente. El té, hervido de forma continua hasta que queda bien fuertecito. Los centros comerciales, muy occidentales. Las tiendas, muy pequeñas. Semáforos, casi inexistentes. Coches y motos, más de los que se pueden contar.

Digno de verse, no sabéis lo que os perdéis :-).

Y sobre los vendedores… esta gente son vendedores natos. Llevan días tratando de que pida un whiskey antes de la cena. Como no lo pido, han pasado a los Mocktails (cocktails sin alcohol). De momento me resito.

Donde no he mantenido la entereza es a la hora de pedir de comer. He llegado a un punto en el que ya ni siquiera pido la comida. Viene el simpático jefe de sala y me dice que hoy voy a probar algo diferente. Y yo me lo como sin rechistar :-). La verdad es que está todo bien elegido… y que hoy que me he acordado de decirle que no lo hiciera muy picante, me ha hecho caso (aunque yo iba con la idea de pedir unos noodles y acabé comiendo pollo). Por cierto, el pan (Butter Naan) sabe muy parecido a una filloa (¡riiico!).

Para terminar… algo que seguro que echáis de menos. ¡Ver la habitación!

I've got a pub

Este es el lado bueno, claro… la ventana da a una calleja y a la salida de humos de la cocina (aunque, por suerte, no entra nadita de olor).

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Cogiendo confianza (o Bangalore al tercer día)

En realidad esto va sobre el día 2, pero es que hoy (día 3) no se me ocurre nada que contar. Bueno, que ya me han invitado a ir Mysore cercana (140km) el finde… pinta muy muy bien.

Estoy hecho un valiente… ayer al terminar de tabajar decidí salir a ver mundo. Y eso que estaba oscuro. Un valiente, vamos.

Así que pregunté en el hotel por un mapa… tengo uno que cubre toda la ciudad, así que solo salen las calles más grandes. Bueno, al menos me sirve para localizar sitios turísticos.

Con mi cara de estupefacción, me recomiendan ir a un centro comercial… a 20 minutos andando. Sales a la derecha hasta el final de la calle. Luego a la izquierda hasta el final de la calle. Y ya llegas.

Facilito… ya intuyeron mis poderes de orientación.

Pues allá me voy. He visto muchas cosas, pero con lo oscuro que estaba no he podido hacer más que un par de foticos¡. Esta es desde la terraza/azotea de la oficina en la que estoy:

View from the office's terrace

View from the office’s terrace

Por si tenéis intríngulis… sí que llegué al centro comercial. Pero era como estar uno cualquiera de Madrid (a lo gigante, claro).  No hay grandes tiendas Indias, ni siquiera para turistas.

Para los que empiecen a tener envidia, les dejo aquí un consuelo…

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Anexo, mi placa de bienvenida

Recién descargadita de la cámara…

SGT welcomes Mr. Abel Muino

A ver si estas cosas se popularizan 😉

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El canon digital llega a USA

Se generaliza esto de pagar por si se te ocurre delinquir.

La Warner está proponiendo en USA una tasa de $5 por usuario y mes para todos los proveedores de internet (que se lo cobrarán a los usuarios, obviamente). A cambio de esos $5, se comprometen a no denunciar a los ISPs. Según lo entiendo, por $5 al mes, los americanos tendrían derecho a piratear toda la música que quisieran.

En el fondo, puestos a pagar… la opción americana parece mejor que la española. Y sólo afecta a internet (no a discos duros, móviles, mp3s, cds, dvds…)

Via: TechCrunch.

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Bangalore Telegram, llegada y dia 1

Viaje llevadero, aunque enormemente largo. Al menos Lufthansa da de comer (picoteo, comida y cena, dos sabores a elegir… uno de ellos siempre vegetariano). El 747 un poco decepcionante… se vé tan grande desde fuera que te imaginas que tendrá hasta piscina. Al final, más hacinados que en un Ryan Air (9 personas por fila de asientos).

Al llegar colas para todo. Para pasar la aduana. Para cambiar dinero (primer timo, me han dado por debajo del cambio que ponían en la pizarra, pero es lo que tiene fiarse de la gente). Para recoger las maletas (casi dos horas después de aterrizar).

El driver que me tiene que llevar al hotel no está, le llamo pero da un tono raro. Le llama uno del aeropuerto pero comunica. Llamo a Krish, mi contacto de India pero no contesta. Al final pregunto quién me puede llevar y me voy a la aventura en una furgo destartalada (un prepaid taxi) por un pastizal (entre 2-3 veces lo que cobra un taxi oficial me dicen en el hotel… pero a los oficiales no los ví). Al menos el conductor es simpático y pasamos el rato (aunque no tiene ni idea de dónde está el hotel).

Sano y salvo en el hotel, me dan una habitación provisional… no hay ninguna de mi categoría (single standard) así que me prestan otra (double premium). Mañana toca cambiar de habitación, así que hay que deshacer la maleta lo mínimo posible.

Llama Krish. Será el sueño o el teléfono pero no entiendo ni papa… al final le explico lo del driver invisible y quedamos en que vendrá a buscarme a las 9 de la mañana. Son (aprox) las 3. A dormir lo que se pueda.

La cobertura de Yoigo en roaming va y viene… pero está más tiempo ida que presente.

No duermo casi nada, creo que por nervios. Al fina decido levantarme a eso de las 7. Cuando bajo a desayunar no consigo probar bocado (claro, con el Jet lag mi estómago piensa que son las 4 de la mañana). Intento pelar una manzana con poca destreza y un hindú se la lleva y me la trae pelada y troceada.

Llega el driver ni papa de inglés. Y encima piensa que no soy el que tiene que llevar. Al final nos entendemos y nos ponemos en marcha.

¡¡Vaya forma de conducir!! Aquí las bocinas no gritan “cabrón, joputa” si no “cuidado que voy! mi carrocería gana a tu sari!!“.

Tengo una placa de bienvenida a la entrada de las oficinas. Me siento importante.

Me presentan al equipo. Majísimos. Uno hasta se ha leido mi blog (el otro).

No se lo digáis a nadie, pero entre su horario flexible y la fraternización, casi nos da la hora de comer sin hacer nada (bueno si, una presentación de los productos, la agenda y el primer vistado a la documentación… pero no estáis leyendo el blog para saber eso).

Comemos en un thai. Afortunadamente, consigo escaparme de casi todo lo picante excepto de una guindilla. No es de las fuertes… como un pemento de padrón de los revoltosos.

Pagan ellos 🙂 Insisto, gente maja… Pero en el restaurante no tienen café. Que no habran en España que no tienen clientela. Vamos a una cafetería. Pago yo, que majo que soy. Con la propina y el cambio de moneda, a 0.80 el café… ya sé donde toma café el presi.

Termino con un detalle próximo a lo escatológico. Los baños no tienen bidé. Tienen una manguera a presión. Según me dijo un hombre sabio una vez, es para no sufrir por las hemorroides con tanto picante. Será verdad o mentira, pero es llamativo. ¿Dónde está el manual de instrucciones?

STOP.

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