Un cambio, otro ambiente y el mundo al revés

Siguiendo en la gran tradición de posts anteriores, voy a contar un par de cousiñas.

Me cambio de habitación. En realidad la mia no era mia… era la que les quedaba libre cuando llegué. Y me estuve beneficiando de tener mucho sitio, un puff y dos camas.

Ahora he perdido espacio. He perdido mi puff. La mesa para el ordenador es raquítica. Pero, a cambio, he ganado una pedazo de cama que debe ser queen size por lo menos.

Además, me he animado a esto de la buena vida y voy a probar mañana a que me laven (y, sobre todo, a que me planchen) un par de camisas y mi sahariana. Una camisa, porque es odiosa de planchar (así me libro). La otra y la sahariana porque un día me puse el cinturón de seguridad y me ha quedado una mancha negra cruzando desde el hombro hacia mi ombligo. Yo creo que el cinturón dió un respingo de sorpresa y todo…

Al bajar al restaurante a cenar, por un momento pensé que estábamos sufriendo un corte de luz (como los que hay en la oficina cada día… pero deben de tenerlo bien pensado, porque se van las luces y los ventiladores se paran, pero los ordenadores siguen funcionando).

Pero resulta que no… en viernes y sábados ponen ese ambiente íntimo… con velitas en las mesas y luces rojas en las paredes.

Durante estos días me había fijado en un cartel que hay a la entrada del hotel sobre un Sizzler Festival, con una foto de un cacho de carne detrás. Pues eso es justamente lo que hacen los fines de semana (hasta que se cansen).

Así que, animado por las circunstancias, me pedí un lamb sizzler. ¿Y qué es un sizzler? Supongo que mis muy cultos y muy viajados lectores lo sabrán… pero yo no.

Es un plato de comida que hace sizzzzzzzzz.

La versión larga es que es un plato servido sobre una bandeja de metal muy caliente, así que cuando te lo traen todavía está echando humo y haciendo ese ruidito de cuando cocinas algo y va soltando juguillo… ñam ñam.

Sobre el metal ponen unas hojas de algo grande (¿repollo?) para que no se queme el arroz que van encima. Sobre el arroz va el lamb (escasito), otras verduras y la salsa.

Y llegamos a la parte del mundo al revés.

La primera catadura al sizzler está templadita. Pero ojo, porque el sizzler es el único plato que, si no te lo comes rápido… ¡¡se calienta!!

Exacto, el calorcillo de la plancha de metal va pasando al repollo, de ahí al arroz, el cordero, las verduras, la salsa… para cuando está mediado el plato, ya pasas más tiempo soplando que comiendo.

De postrecillo, unos no se qué que que se yo fritos (en teoría era jamoon… pero con dos oes no sabe igual) con helado de pistacho (incluye trocitos de pistacho).

Hoy no hay fotos, pero espero que el domingo haya alguna (porque mañana me voy a las 08:00 a Mysore y solo Vishnu sabe cuando voy a llegar… son unas 3 horas de viaje.

El tema de los viajes ha dejado a mis compis un poco alucinados. Cuando les he dicho que desde Madrid a Lacoru había 600km y sólo tardábamos entre 6 y 7 horas, casi no se lo creían. Aquí las carreteras son muy malas y, además, de vez en cuando los elefantes las dejan bloqueadas hasta que quieren moverse. También me han hablado de otra ciudad (muy bonita para visitar, según parece) que no tiene ni carretera para acceder… te abres camino entre los árboles intuyendo por dónde va el sendero.

Yo les he respondido con las ventajas de que la armada invencible se cargara los bosques… carreteras fáciles de construir (aquí se las come la jungla… cuando acaban por un lado, tienen que volver a empezar por el otro).

Otro día reflexionaré sobre todo lo que me he inventado (¿o lo sé?) sobre occidente desde que estoy aquí. Si es que me acuerdo.

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