45 muertos menos que el año pasado

Pocas veces leo algo en el periódico que me haga sentir bien. Siempre son malas noticias, o noticias incómodas, o noticias estúpidas.

Según  los datos de la DGT y el artículo de El País, este año en Semana Santa ha habido 45 muertos menos que el año pasado. Una gran noticia. ¿Será que por fin la gente ha empezado a pensar? Ojalá 🙂

Y claro, me alegro también porque parece que la campaña de la DGT y el carné por puntos estén funcionando (jeje). Ahora es cuando quiero oír las críticas.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “45 muertos menos que el año pasado

  1. Pues justo esta semana santa yo he tenido mi primer accidente con víctima (creo que) mortal.

    Un pobre conejo cruzó corriendo la carretera (probablemente porque quería ir al otro lado). Nunca lo consiguió.

    😥

  2. jooo…qué susto!!

    Digo el mío al leer tu comentario…¡Hasta que llegué al conejo! Lo siento mucho por él, pero casi me da algo pensando que era una persona.

    uff…

  3. espinoj

    Si no fuera por la desconfianza que da el cómo estará el conejo, te diría que a la cazuela está muy bueno 😛

  4. Paula

    No creo que quedase mucho para cocinar… dejó un buen pedazo de sí mismo adherido al coche.

    Cuando lo vimos salir de la cuneta, mirando sólo a su meta (el otro extremo en perfecta línea recta), corriendo con sus orejillas al viento, nos dimos cuenta de que lo atropellaríamos hiciéramos lo que hiciéramos. Si sus padres le hubieran enseñado a mirar antes de cruzar no se hubiese producido la tragedia.(deberían incluir Educación Vial en los colegios de conejos).

    En fin, que allí estábamos nosotros, completamente solos en la carretera, con nuestro coche de alquiler nuevecito y respetando los límites de velocidad pero dirigiéndonos, sin poder impedirlo, hacia un pobre conejillo indefenso que no miró a los lados antes de cruzar.

    Se paró el tiempo, se hizo eterno… sabíamos que iba a pasar y duró un milenio, como si fuera a cámara lenta y entonces…

    Cotoclonc! El ruido sordo del coche embistiendo al conejo. Le pasamos por encima y… huimos, dejando el pobre cadáver sobre el asfalto y preguntándonos cuanto de él iría aún con nosotros.

    Y la duda, ¿era un conejo o una liebre? Se generó una pequeña discusión acerca del tamaño de las orejas del animal… Antes del accidente claro, el de después es un misterio.

    Supongamos que era un conejo.

    Imaginaos su historia… igual iba a encontrarse con sus coleguis para quemar el sábado noche por el pinar segoviano en busca de la preciosa coneja de sus amores. O volvía a casa después de una dura jornada de trabajo para jugar con sus conejillos que le esperaban ansiosos en la madriguera.

    Y al llegar a nuestro destino, Abel no se atrevía ni a mirar.

    Menos mal que yo ya estoy acostumbrada a ver (y diseccionar) conejos muertos, por eso de tener un padre cazador. Salí del coche, me dirigí a la parte delantera, miré a la rueda y al guardabarros delantero y allí estaba el conejo…

    Buscamos una solución para ocultar las pruebas a la empresa de alquiler de coches. Sólo CSI nos hubiera descubierto.

    Venga, vale, confieso…

    En realidad no fue para tanto: solo un poco de sangre y pellejillo, pero ya conocéis mi afición a ‘exagerar’ y ‘dramatizar’ los hechos. Será mi alma de escritora frustrada.